Es el derecho de los pueblos a definir sus propias políticas y estrategias sustentables de producción agrícola, transformación, comercialización y consumo de alimentos que garantizan el derecho a la alimentación para toda la población con base en la pequeña y mediana producción. Respetando su propia cultura, costumbre y la gestión que realizan de los espacios rurales, en los cuales la mujer desempeña un papel fundamental.